sábado, 22 de diciembre de 2012

El día que no estuve



Mis ojos cansados miran a través de la ventana de un automóvil oscuro, la luz de la mañana me fastidia y desearía poder portar lentes oscuros para poder disfrazar el fastidio que me produce la luz solar, la mañana en si  me produce un fastidio, y quisiera solo seguir durmiendo, como ese día en el cual solo recuerdo el olor suave de la sábana junto al viento frígido que me congelaba la nariz.

Ayer estuve llorando sola en casa, las paredes parecían contraerse y expandirse a la vez, el ambiente era pesado, y más aún cuando intentaba buscar algo para recordar de ese día tan extraño y ajeno a mí pero que en todos causo cierto impacto considerable.

De todas las cosas que te dicen que no hagas, yo sigo las reglas y no las hago, así con el mismo valor que me impone mi subconsciente, simplemente preferí castrar mi primer impulso de hacer lo contrario, y como de costumbre hacía lo mismo de siempre. Pero la tarde del martes pasado, yo decidí no hacerles caso, y el mínimo movimiento desconocido para mi significó estar ausente por casi más de 24 horas.

Repasando la última escena “normal” que recuerdo, yo llevaba en las manos unos papeles, hacía mucho frio en las oficinas, estaba muy cubierta, del cuello a los pies, yo iba apurada por el camino que me llevaba al segundo piso del local, ese día tenía que salir temprano, todo iba bien, diría que era un día perfectamente tranquilo, pero yo tenía ganas de salir, ese día lo volvería a ver, como cada dos semanas, pero esta vez él me anticipo que haríamos algo diferente. ¿Cómo se me ocurrió ir contra todo lo que era cotidiano?, ¿Por qué tenía que hacer las cosas de diferente manera?, no lo sé, pero solo sé que dentro de toda esa rutina decidí dar la contra unos segundos, segundos que me cuestan en estos momentos.

Dicen que vieron mi cuerpo caído a la mitad de la escalera, que respiraba como si estuviera profundamente dormida, que mis manos parecían puños duros, y que la gravedad hacía que mis zapatos estuviesen a punto de salirse de mis pies. Hice un cuadro espantoso para los que creyeron por un segundo que no estaba viva, y un cuadro dramático para los que la escena les pareció chocante. Yo a partir de ahí me desconecté con lo que pasó en las horas siguientes, pero luego de tomar conciencia se me han venido rebelando una serie de escenas que dudo mucho pertenezcan a mis recuerdos; pues soy de las personas que guardan sus recuerdos, desde los más simples hasta los más complejos e importantes.

Dicen que ingresé a la sala de emergencias acompañada de mi colega y de una chica que trabaja  de los archivos, la primera intentando ubicar a mi familia, sin ningún éxito; y la segunda cargaba mis pertenencias intentando que me atiendan lo más pronto posible; corrían cada una su propia carrera, pero sentían que era desesperante la situación. El médico que me atendió, junto con un grupo de personas, vio mi estado tan digno de un coma, y les comunicó a mis dos acompañantes que la caída me había dejado profundamente privada, y que al no haber posibles o remotos daños en relación a la caída, sería bueno que permaneciera dormida, y que me despertaría en unas horas.

Dicen que mi jefe se enteró a las dos horas de mi accidente, y que se molestó que no le comentasen, pero lo que no quiso aceptar, era que había un tumulto en el primer piso y que yo estaba abajo, creo que era tan creyente en mi casi presencia tácita, que poco o nada se le pasó por la cabeza que yo pudiera sufrir un accidente. Como le dijeron que yo me despertaría a las horas, no fue a visitarme, tenía que avanzar las cosas de la oficina y ver por su propia vida. Ese día que supuestamente yo iba a salir temprano ha como dé lugar; de todas maneras no iba a poder salir, tenía comunicaciones pendientes que responder y que se acumularon con el transcurso del día. Pero como yo no estuve, no los pude responder ni hacer, y parecía un hecho curioso, pero conforme no estuve allí, la carga de trabajo se iba aumentando, y ya las cosas se iban poniendo más pesadas. No lo sé pero se me viene la imagen de él como preocupándose por todo, menos por cómo me sentí en ese momento; ¿qué podía esperar de alguien que conoce de mi lo justo y necesario para su entendimiento?

Dice mi madre que se enteró de mi accidente por la noche, ella venía de dar su visita al templo donde va religiosamente todos los martes y jueves; la pobre asaltada por la noticia y apresurada de estar cerca a su hija que no veía desde el domingo por la mañana, y que aunque increíblemente compartía casa, y a las quinientas la mesa, la primera noticia de la semana era saber que su hija estaba en alguna sala de emergencias reposando en un sueño profundo dizque producido por la caída accidental que sufrió. La “recuerdo” llorando en el taxi rumbo al hospital, intentando comunicarse con mi mejor amiga, la pobre como siempre buscando apoyo en propios y extraños; al ser su única hija, la soledad la aterra más que el solo hecho de verme sufriendo.

Dice “él”, que me estaba llamando por teléfono, que otra vez lo hicieron quedar hasta tarde, y como siempre me daba demasiadas explicaciones, yo creía que ese día que nos veríamos, sería para decirme que le agradaba mi presencia, pero no con ese tono solemne de amistad, sino con esa emoción de saberse correspondido con mi sonrisa, con mi mirada. Se me viene la imagen de él llamándome siete veces, y que mientras suena el tono de espera ensayando qué decirme, como intentando sonar entristecido, mirando el calendario para poder encontrar una fecha más libre.

Dicen que esperaban que me levante a las seis horas de mi “estado comatoso”, pero ya empezaba a preocupar a todos, el médico atinó a decir que era por las altas horas de la noche y que mejor me quedase en el lugar. Mis dos acompañantes estaban ahí tranquilizadas de ver a mi madre, y se fueron cada una, mi colega saliendo de la clínica para llegar a su casa a descansar; y la chica del archivo saliendo a una cita que tenía justo a esa hora.  Me cuenta mi madre que en sueños me quedé en el mismo estado, pero balbuceaba algunas palabras inconexas, y daba gemidos como susurros, como si me estuviera “rebobinando”, mi mamá me dejo así hasta la mañana en la que seguía durmiendo.

Al día siguiente cuando ya tocaba que me despierten, mi madre  fue a llamar al médico para ver que despertara, dicen que no reaccionaba a ningún estímulo, lo hicieron como por 30 minutos, mi cuerpo parecía estar relajándose de todo lo que hubiera pasado antes, y simplemente no reaccionaba, estaba en estado semicomatoso, pero no era nada grave. Por recomendación del médico me dejaron descansar un rato más.

Recuerdo una imagen de alguien intentando saber cómo estuve, me parece extraño, pero era un hombre con el que compartíamos horas en el almuerzo, sí era él, pero no me era usual esa preocupación. Yo lo conocí hacía medio año, y era un tipo parco y callado, creo que me interesa ahora, de hecho es poca la gente que se manifestó interesada en mí en ese trance que pasé.

Al final, terminé levantándome las altas horas de la tarde, fue tan profundo el sueño que lo primero que recordé era que iba a llegar tarde a mi cita con “él”, estaba con la cara demasiado rosada y llena de líneas por pasar muy pegada a la almohada. Mi madre apareció y me dijo que era hora de ir a la casa, y así nos fuimos. Ya era muy tarde, y lo que menos quería hacer era descansar, y fue ahí cuando me vinieron todas esas visiones que me hicieron suponer que el día no había acabado aun. Viendo el celular, encontré muchísimas llamadas y no sabía por cual empezar, y en eso me vino una emoción fuerte que no pude contener, las lágrimas me brotaban por los ojos y por primera vez sentí lo que era dejar espacio vacío, y aunque a  tientas, ir suponiendo lo que había pasado en tanto yo no estaba presente. 

Creo que terminé por replantear que uno es y existe por su propia funcionalidad en esta vida, pero todavía me queda la imagen de esa persona preocupada por mí.

sábado, 15 de septiembre de 2012

La mil caras




 “Tu eres peligrosa, porque eres honesta,  eres muy peligrosa, no sabes lo que quieres”… Who’s  gonna ride your wild horses?-U2

No existen personas buenas o malas, lo que existe es gente que se equivoca y acierta; que de ahí te parezcan buenas porque te apoyan o te favorecen, o malas porque se niegan o te bajan el dedo puede que te confunda en el camino, pero quien puede saberlo en un mundo donde todos nos acostumbramos a emitir juicios, prejuicios y demás dictámenes hacia las personas que se cruzan en nuestro camino.

Pero ¿Cómo nominar a una persona que sonríe de día con algunos, se molesta en la tarde con otros y llora en la noche en su soledad? Estará bien decirle loca?, bipolar?, hipócrita?, o simplemente incomprendida de la sociedad?, Las cosas no son lo que parecen hasta que lo vez desde un lente diferente.


 Ella es una mujer muy poco sociable, para la gente que alguna vez la conoció, de hecho es  casi probable que si te hubiera conocido hace 15 años, hoy solo se acordaría de tu cara y nada más, ella se olvidó de ellos. Solo sociabiliza con quienes tiene contacto cercano de los últimos tiempos. Y esto no es gratis, ya que los que se dijeron sus amigos no lo demostraron, y ella aprendió a ver que los que se dicen tus amigos no siempre van a estar ahí toda tu vida, de ahí que el trato sea casi de desconocidos con todos los que conoció.

Ella sabe muchas cosas, no es difícil sentirse atraído por ella cuando conversa de temas generales y específicos, puesto a que en sus momentos de soledad se ocupa por dejarse llevar por lo que tanto quiso saber, y no en vano sabe como dominar y enfrentar las situaciones más complicadas.

Ella les gusta a los hombres, especialmente si están casados y estos se muestran arrepentidos de su estado civil, no pueden comprender que llegaron tarde para ese momento en el cual con una mirada, unos gestos y hasta un perfume agradable y delicioso saben que es la mujer que les gustaría para toda su vida, porque simplemente no es igual a ninguna mujer, lo cual los excita mucho más y los hace fantasear con una posibilidad siquiera remota de verla una y otra, y otra vez en sus sueños y/o alucinaciones.

Ella es una buena amiga, si bien no tiene muchos amigos, conserva y estima a aquellos que la vieron llorar y morirse por dentro en esos momentos crudos y duros que tiene la vida… Les da dinero, dona sangre y encima miente y pone su palabra en garantía con tal de verlos bien libres de toda incomodidad.

Ella es una mala hija, nunca encajó en su familia, su madre desearía que nunca hubiera nacido, su padre prefiere ignorarla y su hermana siente vergüenza de ella… Su familia es disfuncional, y su casa solo sirve para comer y dormir; nunca le dieron órdenes y ella tampoco obedecía, hacía lo que le daba la gana.

Ella se enamora de los que nunca la miran como prospecto de novia, solo la ven como parte principal de la decoración social, y a duras penas conversan con ella. Le duele saber que todo lo que quisiera vivir sólo lo vivirá en otra vida o en algún universo paralelo, pero nunca en este, porque si el amor es un teatro, ella es una actriz que nunca será convocada… y solo se contenta con visualizar las tragedias y aciertos de los demás que si fueron elegidos para un papel en esa obra.

Ella conspira contra la gente que no aporta, y conspira favor de la gente que vale la pena, tiene una intuición casi inequívoca, solo falla cuando en verdad las otras personas la sorprenden, y es fácil que tu le produzcas un juicio favorable si es que por simpatía te identificas con ella o al menos la comprendes, de otra forma, lo más probable es que le seas indiferente.

Ella no es bonita, pero es muy guapa, es físicamente bella y tiene un encanto indescriptible para las mujeres, pero perfecto para los hombres, no necesita ser vulgar y mucho menos aparentar inocencia o candor.

Ella dice la verdad, cuando sabe que es correcto hacerlo, no sigue un precepto moral, pero sabe que la ética es “no perjudicar” mientras se pueda.

Ella quiere ser madre y no puede, sabe que debe ser fiel a un sueño, y ese incluye muchos procedimientos antes de serlo.

Ella quiere otra vida diferente a la vida que lleva, pero por el momento debe planear que hacer en los próximos meses,  eso si, nunca bajará la guardia.

Ella está cerca, no se le puede distinguir, solo los que ven a través de sus ojos y escuchan a través de sus palabras saben que ella es especial y que no es cualquier mujer, ella es única y aunque nunca se animen, la amaran en silencio porque temen no ser correspondidos;  y las mujeres simplemente le temen, porque saben su desventaja.  La mil caras es inidentificable, cuídate de no ser bien visto o sentido por ella, porque quizás termines mal. La advertencia está hecha.



sábado, 8 de septiembre de 2012

La Felicidad



La felicidad es un estado pocas veces alcanzado, sucede cuando todo repentinamente va bien y suceden las cosas más importantes en tu vida, paradójicamente solo sucede pocas veces, por lo cual es casi imposible decir que alguien es feliz por siempre y para siempre.

Lo que generalmente tenemos es chispazos de felicidad, aquellos momentos que suceden cuando conseguimos lo que queremos y entonces todo es lindo y bello a nuestro alrededor… me sucedió pocas veces, pero fueron hasta el momento suficientes como para decir que valió la pena todo lo que hice, todo lo que me pasó y todo lo que viví para que aquellas cosas fueran esos chispazos de felicidad que hicieron de mi la persona más feliz de ese día, o quizás de esa hora. 

Todavía recuerdo mi rostro iluminado cuando ingresé a la universidad, tenía miedo de no haberlo conseguido, era una sensación gratificante y rarísimo para un lunes en la mañana, cuando fuimos en el carro a ver mis resultados, después de casi un año de idas y venidas por calles desconocidas, gente que poco o casi nada tenía que ver conmigo y mucha tensión, el saber que al fin lo había alcanzado, me hizo sentir bien, aquella tranquilidad y satisfacción expresada en una sonrisa con muchos planes por desplegar me convirtieron de pronto en el proyecto de una persona diferente de ahí en adelante… un chispazo de felicidad.

Los otros chispazos de felicidad que viví sonarían a cliché o sería bizarro relatarlos, pero cada uno de ellos me permitió sentirme bien y eso es suficiente.

La felicidad en mi se ha expresado por el medio de logros alcanzados, casi nunca hechos descubiertos o por parte de los demás hacia mi, a no ser uno último que he sentido hace algunos meses, aquel que me asaltó por ejemplo hace como cuatro meses atrás cuando me transportaba en carro, una repentina calidez en mi pecho me embargaba, estaba sonriendo, no sabía de que, pero era una sensación agradable que era como el deseo interno de liberarlo y hacer que le alcance esa sensación a todo aquel que le llegue, o que lo necesite… No sé si fue el síndrome de la santa mujer o de la dadivosa; pero creo que cuando a veces siento esto, me gustaría que se hiciera realidad, y aunque, rarísimo, no soy de hacer caridad, siento que tengo ese poder de conseguir que la gente busque en mi una “oreja amiga” o un consejo con el cual satisfacer sus expectativas. 

Si hiciese un resumen de mi vida, se podría decir que fui feliz en algunos momentos de mi vida, no todo fue felicidad, porque creo que hay cosas que hubieran podido ser mejor, pero esas ya no dependieron de mi; y lo que dependió de mi, pues simplemente pasó por mi empirismo basado en el ensayo-error.
Sin embargo, si me muero mañana puedo decir que viví mi felicidad de la única manera que sé y que he conocido hasta el momento: alcanzando y cumpliendo metas. No hubo sorpresas, y ni eso que llaman “destino” me sorprendió con una “felicidad repentina”. Pero no estaría tranquila porque creo que hay mucho por recorrer, y todavía me quedan algunas cosas por las cuales sentirme feliz. 

Pero mi felicidad “perfecta”  incluye una vida algo diferente a lo que vivo todos los días, diferentes lugares, diferentes personas, diferentes situaciones; dudo mucho que la consiga, porque para pena mía, esa felicidad no es fácil de conseguir por la forma como se me han revelado las anteriores.


jueves, 26 de julio de 2012

NO LO ESPERES SENTADO(A), NO ESPERES NADA DE ÉL(LA)



El año pasado se me ocurrió llamarlo por celular, pero terminé arrugando, y solo conseguí enviarle un mensaje de texto que inició una conversación que duró apenas unos 9 mensajes,  seguramente adivinó que era yo, y fingió ser otra ocupación y terminó por no continuar la historia… ¿en qué diablos pensaba cuando inicié ese ir y venir de mensajes? ¿Acaso al adivinar que era yo, él me llamaría y me diría que esperaba mi llamada o que me extrañaba? ¿Sería así, otra vez el inicio  de lo que hacía 5 años experimentamos, un “borrón y cuenta nueva”? …. Demasiada Belleza ¿no es así?

No es la primera vez que me sucede, no sólo con él, me pasó con mi amiga “uña y mugre”, ella y yo compartimos, hasta donde yo sé, momentos duros, críticos, alegrías y hasta opiniones salidas de las entrañas…  Cuando estuvimos juntas laborando, vivimos nuestros momentos de hígado-comprensión; pero cuando me alejé, a duras penas nos comunicamos, ni una tarjeta, ni una llamada en Navidad… solo sí promesas, que aun no se cumplen…. ¿Me faltó más ganas a mi? O ¿ella lo dejó pasar por qué si?.... prefiero no seguir dándole vueltas al asunto, pensar más allá sería muy “noico”.

A Juliana, mi nueva amiga, su chico estaba ahí cerca de ella, mucha presencia física, mucha promesa de amor, mucha comunicación a los amigos, mucha……. detestable volatilización emocional;  “que a la 1:00 pm mi amor”, “que acuérdate de mi hasta en tus sueños mi vida”, “que todo será diferente mi amor”, “que más te pego más me quieres, y así será mi amor”, la pobre esperando debajo de un árbol, pelándose de frío, escuchando a oídos sordos las voces amigas: no va, no te conviene; pero ella ahí, ¿Acaso él cambiaría?, ¿era ella el problema? … ¿Acaso no veía lo que se avecinaba?

No hace poco siquiera pude pensar que tanta alegría y tanta buena onda y voluntad serían premiadas siquiera con un afecto, una satisfacción sincera para con quien solo vive por cumplir con todas las expectativas y dar lo mejor de sí… nadie es madre o nodriza para con quien es presto o dispuesto, ¿pero era necesario prometer para cumplir?, osea ¿sólo se es una pieza más del sistema que no merece ni una palmadita en el hombro y una honrosa demostración?... O ¿solo se asume que si es fuerte en la enfermedad, lo será en todo lo demás?.... Esas cosas no se olvidan, pero sirven para fortalecer el pensamiento del yoyoísmo.

Le pasa a una gran mujer, que cree que ¿con solo rezar y suplicar al “divino” su familia volverá a ser lo que aparentemente era?, ¿Acaso es tan ciega como para no ver que mientras se exige respeto no se puede permitir la misma vaina?, ¿Acaso no ve que se puede encontrar libertad y apertura sin la opresión ignorante y absurda de la contraparte?... La fe puede ser muy penosa en quienes se niegan a ver la verdad.
Por eso y mucho más, amigo, amiga que crees o te ilusionas con un posible panorama que te permita satisfacer tu sueño o quizás tu vida; no esperes sentado/sentada algo que quizás nunca suceda, o que peor aun no le da la gana a la vida, al maldito destino, o a la otra parte poder realizar…. Mucho menos te cuestiones el porqué, y peor aún: no postules hipótesis que solo sirvan de aliento perverso a tus insanas expectativas… si no tuviste pan, no alucines con la panadería, búscate otra provisión, quizás el dolor será menor.

Y por último, si estas con la ansiedad en la garganta o la voluntad te domina frente a la razón, báñate en agua fría, fúmate un cigarrito y procesa tus actos….. A veces hay cosas que es mejor dejarlas pasar y además es mejor ver la realidad tal cual es, sin nada de maquillajes, sin nada de ilusión.
Yo por lo pronto dejaré esa costumbre letánica… ya me está pasando factura, y la energía no me da para tanta desilusión, no como antes.

miércoles, 16 de mayo de 2012

¿Más me dueles más te quiero?


Me pasó en estos tres días en los que sentí como la sensibilidad me ponía en predisposición a sentir emociones por cosas que no tienen mucha importancia; cuanto más te impactas por algo sólo si eres racional y objetivo, con una visión alejada de ti, te darás cuenta de que toda la ilusión que puedes sentir no siempre se verá reflejada en los momentos más vulnerables.

Me pasó también hace años cuando por temor a perder piso me calle cosas que no dije, pero que después conté (ver dos posts anteriores), cuando por “querer” a alguien y sentir afecto por alguien me mordí la lengua y me puse frenos desaceleradores  para no explotar y en “one” vomitar todo aquello que guardaba ahí adentro.

Le pasó a una amiga, que sabe que ahora está enamorada, ella ahora sí se entrega a una relación, pero esa relación la destruye, porque nadie que desea ser amado puede esperar recibir golpes de “amor” por golpes de “dudas” y malditas comparaciones que sólo consiguen, inclusive, poner en duda  su propia personalidad.

Le pasa a otra amiga, que sabe que el concepto llamado madre le produce envidia cuando ve como sus otras amigas e incluso su pareja reciben todo el afecto de sus mamás, y ella solo puede comunicarse por gritos con su madre cada vez que quiere reprocharle un poco de afecto materno, y cuando ésta llora y a ella le duele saber que ese mismo reproche las lastima a ellas dos.

Le pasa a  Karen, quien cada vez que puede se junta con su “amigo cariñoso” y sabe que lo suyo no es  oficial ni tiene un final, cree que esa relación durará poco pero a las finales solo continúa en lo mismo y ya vas 4 años de sólo seguir por puro placer cuando ella sufre por esperar algún cambio de plan y el sufre cada vez que ella le dice para terminar.

El dolor nos hermana más que la alegría; ya que es en los momentos difíciles donde conocemos de qué estamos hechos y sobretodo aprendemos más del verdadero sentido de las cosas. Pero, ¿tiene el amor, la amistad y la filiación que doler cuando la demostramos?; ¿acaso amamos más cuando hacemos doler o somos mejor amados cuando nos lastiman?

Yo creo que el amor no consiste en sufrir; eso es para masoquistas y para los carentes de afecto; pero creo que como seres humanos es imposible no evitar depositar todas nuestras expectativas y nuestras ilusiones en relaciones intrínsecas e intimas; pero así como el que sufre tienes problemas de afecto, el que lastima también los tiene. 

Regresando a casa me pregunto ¿alguna vez las personas  podrán sincerarse con ellas mismas?, ¿alguna vez dejaremos de ilusionarnos al punto de dejar de pisar tierra?, ¿alguna vez seremos capaces de mantener con firmeza una posición que nos permita vivir mejor?... son muchas cosas que serían bueno comenzar a plantearnos en situaciones como esas, ojalá los pensamientos fueran objetivos y lúcidos para poder asumir las consecuencias de nuestros actos y así poder dominar nuestra propia balanza.

Yo por el momento replantearé mi rol adjunto, y como en cada situación así, aprenderé y creceré, porque las caídas y las subidas deben enseñarnos a ganar.

viernes, 16 de marzo de 2012

VERITAS VOS LIBERABIT, LA VERDAD Y LA MENTIRA.


Esta frase se lee en el escudo de una universidad conocida, que traducida del latín al español significa “La verdad los hará libres”… Yo creo que cuando la formularon pensaron en que diciendo la verdad se podría alcanzar la libertad que se niega uno al no decirla, y se me ocurre subjetiva y antojadizamente suponer que quién la formulo era un filósofo escolástico, de esos de la edad media, que bien podría ser un religioso de algún monasterio.
Pero ¿realmente la verdad es una máxima de liberación?, se puede conseguir tal alcance diciendo “la verdad”, yo creo que, como todo lo que pasa en la vida, eso depende. 
Desde chiquita, lo primero que me decían siempre era decir la verdad, siempre acompañado de un ¿no me estás mintiendo?, recuerdo que la primera vez que mentí lo hice con la intención de evitarme una reprimenda, pero como no sabía fingir mi cara de “nada” y menos era mi intención estar en esa situación, me delaté y terminé siendo llamada por primera vez “mentirosa”… y de ahí perdí la cuenta de cuántas veces tuve que mentir en menor o mayor grado para poder continuar el camino que recorrí.
Bien hasta este punto se puede creer que me estoy declarando una mentirosa nata, pero esta historia no va por ahí. Digo que tuve que mentir no porqué todo lo que vivo sea una falsedad o porque niegue alguna realidad que me sea incómoda, yo tuve que mentir por las situaciones que me tocaron vivir, y evidentemente como ser humano que soy, decir la verdad tampoco es ajeno a mí. Cuando digo que depende de las circunstancias y hablo de situaciones; y sobre todo el grado de la mentira; no excuso o hago válido el decir mentiras, simplemente contemplo en perspectiva que no siempre decir una mentira se considera como algo malo, y no debería ser visto así.
Es  así que cuando uno miente trata de ocultar algo que pueda afectarle a él mismo, tal y cómo me pasó a mí; a los demás, cómo cuando a los pacientes con cáncer terminal no se les dice su condición; algo que te haga sentir mejor, como cuando se hiperboliza las cosas a favor de uno; algo que puede perjudicar a otros, echándole culpas y defenestrando a inocentes; o como cuando se trata de construir una imagen que no corresponde con la realidad.
En esos casos, la lógica nos orientaría a deducir que no todos los casos son iguales y que por lo tanto las mentiras pueden ser piadosas, calumniosas, blancas, o inclusive enfermizas. Bajo ese concepto las mentiras, no podrían ser vistas como un sustantivo o nombre de connotación negativa, ya que si vamos al otro lado, la verdad no necesariamente es algo positivo.
Uno cuando dice la verdad lo puede hacer con la intención de despejar las cosas; con la intención de mantener su “ética y moral” intachable; de  mantenerse imparcial; y por supuesto con el fin personal de conseguir algo aun a costa de lo grave que puede ser. Y por cierto no conozco a mucha gente que sea feliz diciendo la verdad; salvo aquellos que más que decir la verdad solo fueron honestos.
Y siempre decimos lo siguiente: “No debes decir mentiras” o “Dí la verdad”…. Analizando estas dos palabras; vemos que “mentiras” siempre va en plural; y “verdad” en singular; o ¿es que acaso es una manera muy peculiar en el español de denominarlos, o es que realmente decimos más mentiras que verdades?
Así como para toda acción hay una reacción, yo creo que decir mentiras es una seguidilla de tapa-huecos que tratan de hacer equilibrio con la verdad, y en eso hay que reconocer que la verdad tiene el mismo poder que la cantidad de mentiras que se puedan sumar para evitarla. De ahí por qué se confina a los sospechosos, o los mentirosos circunstanciales a acabar con el “cuento chino” y sólo resumir diciendo la verdad.
Pero al decir mentiras y verdades siempre habrá un componente subjetivo impuesto por nosotros y otro objetivo que se nos es impuesto; yo no conozco tampoco a una persona que diga la mentira tal cual o la verdad tal cual; más lo que si  he visto ha sido gente que ha dicho la verdad, su verdad y las mentiras tan hiperbólicas como ellas mismas; el total de las bocas que salen fueron, son y serán humanas; y no hay nada más subjetivo que eso.
Yo en lo personal quisiera siempre recibir algo de Honestidad por parte de todos; honestidad para mostrarse tal y cual son; y sobre todo autenticidad… También claro, no los juzgaría si me mienten, pero ojo, las mentiras también tienen niveles; ya que no es lo mismo que te digan que te ves bien cuando en realidad tu aspecto está horrible, con el fin de evitarte un disgusto; a que contigo se muestren buena onda y más rato terminan metiéndote puñalazos… ya que más que la mentira, la hipocresía es la que más me desagrada, porque tal como expuse las mentiras y las verdades no necesariamente son subjetivas y objetivas respectivamente; pero la hipocresía sólo denota “conveniencia” y mucha mala vibra; quizás la contradicción más sucia en las relaciones personales; pero ese es otro cantar y por ende otro post por aquí.