La felicidad es un estado pocas veces alcanzado, sucede
cuando todo repentinamente va bien y suceden las cosas más importantes en tu
vida, paradójicamente solo sucede pocas veces, por lo cual es casi imposible
decir que alguien es feliz por siempre y para siempre.
Lo que generalmente tenemos es chispazos de felicidad,
aquellos momentos que suceden cuando conseguimos lo que queremos y entonces
todo es lindo y bello a nuestro alrededor… me sucedió pocas veces, pero fueron
hasta el momento suficientes como para decir que valió la pena todo lo que
hice, todo lo que me pasó y todo lo que viví para que aquellas cosas fueran
esos chispazos de felicidad que hicieron de mi la persona más feliz de ese día,
o quizás de esa hora.
Todavía recuerdo mi rostro iluminado cuando ingresé a la
universidad, tenía miedo de no haberlo conseguido, era una sensación
gratificante y rarísimo para un lunes en la mañana, cuando fuimos en el carro a
ver mis resultados, después de casi un año de idas y venidas por calles
desconocidas, gente que poco o casi nada tenía que ver conmigo y mucha tensión,
el saber que al fin lo había alcanzado, me hizo sentir bien, aquella
tranquilidad y satisfacción expresada en una sonrisa con muchos planes por
desplegar me convirtieron de pronto en el proyecto de una persona diferente de
ahí en adelante… un chispazo de felicidad.
Los otros chispazos de felicidad que viví sonarían a cliché
o sería bizarro relatarlos, pero cada uno de ellos me permitió sentirme bien y
eso es suficiente.
La felicidad en mi se ha expresado por el medio de logros
alcanzados, casi nunca hechos descubiertos o por parte de los demás hacia mi, a
no ser uno último que he sentido hace algunos meses, aquel que me asaltó por
ejemplo hace como cuatro meses atrás cuando me transportaba en carro, una
repentina calidez en mi pecho me embargaba, estaba sonriendo, no sabía de que,
pero era una sensación agradable que era como el deseo interno de liberarlo y
hacer que le alcance esa sensación a todo aquel que le llegue, o que lo
necesite… No sé si fue el síndrome de la santa mujer o de la dadivosa; pero
creo que cuando a veces siento esto, me gustaría que se hiciera realidad, y
aunque, rarísimo, no soy de hacer caridad, siento que tengo ese poder de
conseguir que la gente busque en mi una “oreja amiga” o un consejo con el cual
satisfacer sus expectativas.
Si hiciese un resumen de mi vida, se podría decir que fui
feliz en algunos momentos de mi vida, no todo fue felicidad, porque creo que
hay cosas que hubieran podido ser mejor, pero esas ya no dependieron de mi; y
lo que dependió de mi, pues simplemente pasó por mi empirismo basado en el
ensayo-error.
Sin embargo, si me muero mañana puedo decir que viví mi
felicidad de la única manera que sé y que he conocido hasta el momento: alcanzando
y cumpliendo metas. No hubo sorpresas, y ni eso que llaman “destino” me
sorprendió con una “felicidad repentina”. Pero no estaría tranquila porque creo
que hay mucho por recorrer, y todavía me quedan algunas cosas por las cuales sentirme
feliz.
Pero mi felicidad “perfecta” incluye una vida algo diferente a lo que vivo
todos los días, diferentes lugares, diferentes personas, diferentes
situaciones; dudo mucho que la consiga, porque para pena mía, esa felicidad no es
fácil de conseguir por la forma como se me han revelado las anteriores.
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