Hubo una vez donde la noche ocupaba todo el día, y en esa oscuridad los débiles obtuvieron fortaleza; también habían noches que duraban lo justo, pero eran pocas esas noches, y en esa cantidad de noches nació la razón y la astucia...
Erase una vez una chica que le creyó el cuento a una bruja que disfrazada de abuelita le prometio un mundo de confianza, pero en el camino, ésta se mostró tal cual era: montaba una escoba, usaba máscaras de la misma expresión hipócrita, y le encantaba parecer bizarra de manera consecutiva, pero paralelamente fingía pertenecer a un mundo que no le correspondía el mismo cariño. La chica tardo tiempo en darse cuenta, pero no fue tarde para reaccionar.
Había una vez una chica que le vendió su libertad a la religión, a tal punto que ella misma vivía reprimida en su jaula moral, y esta chica tenía un novio, un tipo con el que jugaba al Ping-Pong. Pero atención señor lector!!! No juzgue a la pobre chica esclava en pleno siglo XXI, juzgue a su sociedad inquieta, desbordante llena de novedades y mucha, demasiada interacción social, digamos que le cogímos cariño a la pobrecilla como para poder haber dicho lo anterior acerca de la sociedad. De igual forma, la pobrecita hacía sus esfuerzos, aunque ella quería parecer humilde y auténtica; siempre se le escapaban atisbos de "cretina" y además no hablaba mucho.
Alguna vez hubo un muchacho alegre y simpático que no tenía nada, pero a la vez tenía todo... Pero con el tiempo a este muchacho le rompieron el corazón, y encima escarbaron en las cicatrices y heridas de su corazón. Y de esas heridas surgió el resentimiento "superarse"... Fueron pasando los años, y de un momento a otro éste tuvo demasiado dinero, bueno, el suficiente como para poder cobrarse a la vida todo lo que le faltó, pero ese "poder" tambien le cobró ese derecho: Un buen día el muchacho en cuestión se encontró tirado en un bar olvidado, meado por un perro, llorando su suerte, que bien podría tener dinero para todo lo que quisiese, pero no tenia un hombro donde llorar, ni alguién en quien pensar, o que lo piense.
En las tierras enrarecidas, llena de personajes alucinantes, había una chica que a pesar de ser muy joven en edad, tenia el espiritu y el alma de una vieja de 80 años, toda ella era una sobriedad que sabia expresarla convenientemente para quienes ella debía aparecer como una persona "normal", pero para los demás era una persona fantasmagórica, llena de complejos en su interior, que de sobremanera intentaba siempre pasar desapercibida con el fin de evitarse estresarse con la comunicación. Todos le sonreían por cortesía, y poca gente en verdad le tenía consideración; pero la mayoría lo hacían por obtener un beneficio de ella.
Había una vez una bruja gorda, mal vestida y gruñona, ella no era una bruja, sino también un dragón, ella era la vieja bruja mayor, su palabra era ley, y todos, absolutamente todos bailaban a su son, no había nada ni nadie que se le escape a su alcance. Un buen día la bruja fue notificada que debería abandonar la comarca, y mayor fue su impresión cuando debía hacerlo ese mismo día... eso sin contar que llegando en la noche ardió fuego en su casa: su marido se murió, y por si fuera poco, al día siguiente todos los que la conocían, la negaban.
Erase una vez un hombre que llego a encandilar a una muchacha, el aparecio en su vida de manera repentina, y entre los dos las relaciones se volvían cada vez mas fuertes... Fueron buenos amigos; y asi paso el siguiente nivel, la muchacha se enamoró del hombre, pero el no se percato, sino hasta cuando las cosas se pusieron en clara evidencia. El decidió alejarse, y ella decidió buscarlo; pasaron varios meses e incluso años cuando al final ella entendio que todo había acabado. Un buen día se volvieron a encontrar, la impresión fue la siguiente: ella tenía claro que todo había acabado, pero el descubrió que ella era agradable. Decidieron reunirse otra vez, pactaron una fecha, hora y lugar. Mientras el llegaba al lugar, ella iba a la cocina; y rato después, mientras pasaban dos horas, el esperaba, y ella estaba en casa relajada, decidió que el que se quede con las ganas fuera él.

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