Cada vez duele menos, no hay sudor ni lágrimas como hace
unos meses atrás, yo no entiendo ese cambio vertiginoso, no es tan difícil
superar una decepción, pero no entiendo por qué mi pequeña cambió tanto.
Por las mañanas acostumbrábamos correr desesperadamente
hacia la calle, salir de ese encierro imaginario que solo nos cobijaba en las
noches para vivir nuestra ilusión allá afuera, donde alguien nos quería como éramos,
o eso era lo que creímos las dos.
Yo me quedé adormecida, y cada vez me fui levantando tarde, y
de repente ya dejé de acompañarla; mi pequeña no era tan floja como yo. Ella
iba puntualita cual relojito suizo a seguir la misma rutina día tras día,
semana tras semana, mientras yo me adormecí viéndola partir, sin preocupaciones,
sabía que ella lo haría mejor, de las dos ella debía ser más libre que yo, un
gran error!!!
Ella era feliz, pero ella fingía, ¿Cómo diablos no me dí
cuenta de su color y de sus signos?, mi pequeña se quedaba calladita, pero
sonreía para disimular, yo le pregunté una vez porqué se desesperaba aquella
vez que llegó hecha un manojo de nervios, y ella sólo corrió a esconderse, ¡Qué
vergüenza! Seguro pensó mi pequeña.
Yo sabía que sufría, porqué ya no me contaba sus problemas,
sabía que estaba maniatada por su mala decisión, pero ese estado no duró mucho
tiempo, hasta que comenzó a ver la vida de manera dura. Si tuvo su rutina,
ahora ya no quería saber nada de eso, al principio detestaba hacerlo, yo sabía
que eso no era sano para ella, ¿Cómo puede uno vivir con esa bipolaridad? Andar
por la vida renegando y disfrutando, riendo y llorado, cantando y gritando, y
así muchos antónimos de esta vida.
Pero ahora ha cambiado, ya nada le duele, las decepciones
las asimiló como imágenes mentales que iban y venían hasta que ya no le afectaron; y me pregunto que pudo haber sido más duro
que sólo una decepción; ella aún me oculta cosas, lo sé, pero creo imaginar que
pasa en estos momentos por su cabeza… No es nada bueno.
Todos conocemos a los personajes de este gran teatro,
siempre los buenos terminan bien, y los malos acaban mal… Pero nadie se ha
puesto a pesar en que la mala que muchos detestan y hasta pocos temen no es
mala de forma gratuita, no!
La mala de la película es ese personaje discordante que antes
de emanar problemas y mala onda, emanaba alegría y ganas de vivir, pero que no
supo superar el problema de la gente que vio en ella como un personaje
apabullante; y entonces le sembraron inseguridad y lo peor, la sucumbieron en
la ignorancia, que además sumada a su preocupación la llevaron a un estado
paranoico donde pensar mal es su sentido
común y donde más lejos llegue más protegida estará.
Pero la mala de la película también es mala no por ella
misma, sino porque aun representa un peligro para los intereses de la gente que
hipócritamente le conviene seguir a su lado como un comensalismo parásito. Es
también la mala de la película porque no comparte ni comulga las costumbres y
los credos de las que se creen normales y perfectas, ella no es como las demás,
y si no es así, entonces es un personaje dañino con cuyas artes y maniobras
encanta a todos los que de manera sincera como ella la aprecian, y las mismas
cuyos detractores se lo increpan: ¡aquí no se ríe!, ¡Aquí no se vive!
La mala de la película siempre será la fea, la malvada, la
que envidia, la que odia, la que es mala onda, la que es toda la antítesis de
lo que ellos creen que está bien, siempre exhibirá una mancha de pies a cabeza,
y ante los ojos de los que la juzgan será la extraña cosa rara que no puede ser
una persona. Lo que no saben es que la mala de la película sólo vive en sus
cabezas, porque ellos la crearon, y cuando menos se lo imaginen la mala de la
película los sorprenderá.
Mi pequeña me inquieta, siento un temor, no estoy tranquila,
me preocupa esa oscuridad, mientras sigo preguntándome el ¿Cómo?, creo que debo
seguirla, no debo dejarla sola.