viernes, 8 de noviembre de 2013

Tengo Miedo



Tengo Miedo, estoy sentada en mi cama frente a la computadora, con los ojos enrojecidos del llanto y siento que son pocos los días que me quedan para asimilar el impacto de que mi pequeño mundo se verá transformado en hojas, mails y ordenes en la dirección que temía dirigirme. 

El ambiente es ambiguo y es ambulante, mi mente elucubra historias de película acerca de cómo llegué a tener la suerte, ese destino que mitad que no quieres y mitad que imaginas, y de cómo esto ya se dejaba ser. 

Me imagino como esa chibola que era Jennyfer Connelly en la película “Laberinto”; si, ¡eso soy! una niña de 8 años con el temple de una adolescente de 15, que piensa como una vieja de 65 años, que el mundo debe girar a su alrededor. Una pobre Jennyfer, pérdida y alucinada que con todo su corazón desea, invoca y grita lo que quiere, pero bocona ella, no mide las consecuencias de sus deseos cuando estos se hacen realidad.

También me imagino como una guerrera medieval que se cubre de armaduras de acero para protegerse de la adversidad y para resguardar su fragilidad e intimidad… Todos los días la guerra interna es latente y es manifiesta; mientras la guerra externa solo existe cuando revienta la pólvora emocional.  

Dije que tengo miedo, pero también siento vergüenza, soy consciente que no es para tanto este drama; afuera hay gente que muere, que tiene carencias de primera necesidad, que sufre dolores físicos y mentales; debo de sentirme miserable, pero quien que también sufre por sonseras como yo va  a juzgar mencionando una de esas tragedias que en verdad causan pena son más valederas que mi temor. ¿Acaso cuando te quitan tu casa tú te lo tomas como quien te pinta la puerta?, ¿Acaso cuando terminas con tu pareja a la que quieres como la primera vez cada día, tú piensas que es solo un simple comentario que te diga hasta aquí nomás?... 

No, y en esto voy a ser enfática; está probado, todos los malditos mortales sufrimos de algo, si a ti te angustia que te van a operar de la nariz, o te aterra saber que tu estas gorda, a mí me da temor el cambio de las cosas así sea en un ángulo de 45°. 

Me viene el sueño, y seriamente convencida del gran poder de mis deseos, ahora solo pido por seguir en carrera, no es fácil pero ahí vamos.