Suena mi celular, y creo que mi plan va a funcionar… Hace
dos meses que he estado metida en tanto ajetreo laboral, y aunque no tengo ni
pareja, ni familia, el sentimiento de saber que seré quizás parte de un evento
emocional y afectivo entre las personas a las cuales guardo una ilusión enorme
, me hace sentir que además de ser apreciada en lo mío, de disfrutar la vida
por lo que me gusta hacer y de hacer lo que me da la gana, siento que una razón
para vivir esta vida es colaborar con el amor, aunque sea apoyando a que se
haga realidad.
Ella, es desconfiada de nacimiento, cree solo en lo que
vive, la vida no le ha permitido ni sufrir lo que nosotras sus amigas le
contamos de fulanito o zutanito; o peor aún, a duras penas vive de ilusiones;
toda la vida se la pasó viviendo su propia dictadura para sentirse libre en
algún momento. Yo tenía 18 años cuando
la conocí, a su manera llevamos la amistad en el principio, pero poco a poco
fuimos comprendiendo que son las situaciones importantes las que más nos unían,
y así fue. Eran muchas las veces que hablábamos de nuestras cosas, entre tímidas
confesiones y descargas emocionales yo sabía que ella escuchaba todo cuanto le
contaba; ella mentalmente tomaba nota, era como si ya supiera que no debería
hacer.
A Él lo conocí al mismo tiempo que ella, solo que no lo
frecuentaba tanto como a ella. Él desde entonces había transitado un camino
amoroso muy variado; quizás buscando su estabilidad de boca en boca, y de
abrazo en abrazo; lo comencé a tratar mientras compartíamos horas juntos.
Él me está llamando; le contesto el teléfono, pero presiento
que todavía no se siente preparado para seguir el plan que le había dicho; lo
convenzo de hacerlo, no apelando al viejo cliché de puede ser la mujer de tu
vida… Yo apelo a lo que creo, y modestia aparte me siento la artífice de este
cortejo, y como quién siente orgullo de su creación, me siento con derecho de
hacerlo, porque sé que va funcionar.
Él sabe que estoy de su parte, él sabe que no le miento, no
le miento en absoluto al decirle que él y ella si lo intentasen lo harían muy
bien. Sé que le falta la seguridad de las otras veces que lo he visto hacerlo,
declarase era más fácil antes, pero ahora era distinto, ya no era el
adolescente o el chico de 20 años que se lanzaba como kamikaze… Esta vez era
diferente, Ella no era cualquier chica, no porque fuera mejor que las
anteriores, sino porque con ella experimentaba al principio una sensación
extraña entre el temor del tanteo sobre de que hablar y la fascinación de estar
cerca de ella, porque así como tenía temor de arruinarlo todo con ella, frente
a ella sentía un bienestar que nunca había experimentado, o quizás sí, pero de
manera diferente con su madre.
Ella también tenía miedo, pero era un miedo debido a su
ignorancia, pero asimismo, todo lo tomaba a la broma, no había nada real según
ella, poco o nada era lo que ella creía cuando yo le comentaba que él parecía
sentir algo por ella. Ellos dos ya
habían tenido oportunidad de conocerse, lo sé porque ambos me daban sus
perspectivas de lo bien que la pasaban juntos; así como de los defectos y virtudes que se hallaban entre ellos… Yo
desde que vi como conversaban y se sonreían sabía que nada era gratis, y que
ese momento de lograrse llegaría pronto. Ese día es hoy.
Ella me dijo que de
todas maneras vendría, ella en este momento está pasando por una serie de
cambios en su vida, y aunque ella detesta los cambios bruscos, sabe con conmigo
y con él se sentirá mejor… y Él se ha creído mi retórica romántica, sabe que
estaré ahí, de todas maneras hay mucho de mí para ambos, y no los dejaré caer…
me siento invencible y todopoderosa, sé lo que vendrá después.
Primero veo que
aparece él sentado en la banca aferrado al celular por todas las razones ya
expuestas, y luego aparece ella, por todos los cielos, ¡qué bonita escena!, y
qué ganas de seguirlos desde mi cómoda posición junto a los gatos y la mala
hierba del parque, pero siento que ambos parecen quedarse quietos, y esto me
parece una eternidad; entonces decido acercarme, y cuando me aproximo, no puedo
ser más inoportuna y más feliz, en mi vida me sentí así, veo como se abrazan y
se besan, estoy llorando porque creo que al fin valió la pena hacer felices a
un par de amigos como ellos. Ella y Él me miran con una ternura y respeto
únicos, yo no hago más que corresponder a su afecto; la energía que emanan me
hace sentir más viva que nunca, valió la pena soñarlo!