viernes, 4 de enero de 2013

¿Quién te crees que eres?



No es que me guste molestarme con facilidad, por más que mi lado oscuro se despierte de manera violenta; no se me hace fácil a veces digerir las cosas tal cual están pasando.

Pero sucede que me encuentro contrariada, y ello va más alla de mi persona, porque lamentablemente no se fingir, y expreso lo que siento.


Asumo que debe ser una carga fuerte de estrés la que tendría esta persona, o quizás perdió el control de las cosas, pero me aconteció hace poco que hice un pedido de materiales para que se me envíen,  y para asegurar que lo hiciera, y aquí ojo hago un hincapié, aunque no fue mi idea, decidí llamarlo, la conversación fue algo así: 

-         -   Hola Fulanito de tal;
·       Hola “Yo”
-        - Te llamaba para comentarte que te envié una solicitud de materiales,
·         * En este momento estoy ocupado con mis obligaciones, es muy importante que lo vea;  y tu pedido lo voy  a ver después
-        -  Ok, entiendo, pero también te quería preguntar algo acerca de un procedimiento y ….
·         * Mira, en este momento no, pero lo haré mañana
-         - Ok, hasta luego

Cuando corté el teléfono, la sensación de la conversación no fue precisamente la de alivio o de sentir que estaba cumpliendo con un paso más del trámite de solicitudes; la sensación fue casi de culpabilidad asolapada, y a la vez de un tufillo de maltrato hacia mi persona, ya que la respuesta sin necesidad de ser enérgica fue demasiado cortante.

Así pasaron unos días, y mi solicitud nunca llegó, hasta que decidí hacerle el “recordaris”, creyendo yo que probablemente fue un tema de estrés; y así fue le escribí y prometió enviarlo… bueno hasta el momento no llega la solicitud, y recién hace unos días, yo encontré la forma de una solución a mi solicitud, por lo que lo solicitado ya en este momento perdió su necesidad, pero lo que si me gané fue que con las actitudes voy conociendo más a la personas. 

Y digo que gané, porque de todo se aprende en esta vida; claro no es de vida o muerte lo que me tocó pedir, pero creo que con lamentar la brusquedad, pedir disculpas, y ser algo amable se consigue subsanar aquellas cosas que nos hacen sino quedar mal, ver mal. Un amigo me dijo una vez que hasta de eso se gana, no obstante la contrariedad que me causó, ya que me queda claro como son algunas personas, y con quienes obviamente no contar.

Pero el hecho éste que puede parecer muy cotidiano y casero sucede a menudo en nuestras relaciones con otras personas; pero no es el hecho de seguir tolerándolo o asumir que nuestras necesidades o urgencias son menos importantes que las de otros; vamos, nadie con tanto trabajo como otros se toma la molestia de escribirte o llamarte para que lo apoyes; y sobretodo, no todos son tu mamá, tu papá, tu pareja, o aquel amigo que ya te conoce y crees que te tienen que aguantar porque “así toca pues”.
Tengo conocidos que pasaron por esto; pero

En lo que a mí respecta, la próxima vez te diría, que:

Así como te digo ¿Quién te crees que eres para tratarme de esa forma?, también te diría; ¿Con quién crees que estás tratando?, “¿Acaso crees que yo no tengo cosas igual de “importantes” y “trascendentales” que hacer y darles curso?... Por último, no soy nadie de tu confianza para que creas por un instante que yo merezco ser “peloteada” por tu mala voluntad. 

Si tuviste un día de miércoles, creo que te puedo decir y con la misma experiencia, que yo tuve semanas de miércoles, donde yo también pasé malos ratos y tuve que soplarme muchas responsabilidades, y eso sin contar mis problemas personales que poco o nada te incumben; y no obstante, tuve que verle la cara a aquel o aquella que vino a buscarme para saber algo o quizás para que le explique lo incomprensible de la labor de una.

Y para terminar, es una pena que te comportes así, realmente que desilusión; y no es que te me hayas caído, porque para empezar no te conozco bien, y aunque suene prejuicioso, ya con esa mala oportunidad, pude saber como eres; y no me agradas!

Por el momento sin mucho preámbulo, solo me queda claro que ya no insistiré más, y quedará registrado en mis experiencias lo que me ha acontecido; que más que para mal, por el rato; será más para bien. Aprendizaje ensayo-error le llaman.