sábado, 19 de marzo de 2011

La Fábula de la loca necia y de su locura

Porque todos hemos conocido,  conocemos, o conoceremos a alguien que pierde la cabeza por “amor”

Había una vez una chica, no una vieja ni una niña, una chica que tenía la “alucinación” de una niña y la “moral” de una vieja.  Esta chica se llamaba A, ella era menuda en sus facciones, y aunque la cara la tenía como una galleta de avena (llena de grumos y con manchas), era toda una monada y sobre todo muy valiente. Ella era como las heroínas de telenovela barata, y se podría literalmente decir: Pobre pero honesta; y para ella la verdad era lo más importante, aún más allá de lo mala que podría parecer frente a sus amigas, ya que según ella eran las personas más frívolas y “perfectas” que conocía (adjetivos que empleaba para compararse frente a sus amigas: K, L y M).


La chica A  era muy feliz, a pesar que estaba casi sola en el mundo, a pesar de vestirse muy sencillita (por no decir que vestía lo que recolectaba en su camino) y a pesar de sus pensamientos de inferioridad, la chica A era feliz por dos razones: estudiaba (lo cual le permitía olvidarse de su realidad) y tenía una relación amorosa con un chico, y el chico se llamaba P.

El chico P, no era agraciado para el ojo del común de las chicas; el chico P tenía la cara deforme, con decirles  que hasta enorme nariz tenía; su aspecto era el de un borracho de cantina, pero  oh sorpresa, nunca olía a alcohol, y tenía como defectos darle la razón en todo a la chica A y ser muy débil en sus propias decisiones.

El chico P y la chica A eran “felices”, o al menos a la mayoría de los amigos de ambos le parecía esto, ya que era la típica pareja de un chico “bueno” y una chica “buena” en una relación “buena”, relación que parecía que nunca se rompería, porque no habría motivo. Las amistades de la chica A le decían todo el tiempo que ella había nacido para el chico P; y en cada reunión era inevitable pensar en el chico P cuando estaba presente la chica A.

Pero como nada dura para siempre, y la vida no es un campo de rosas sin espinas, y por supuesto, todos crecemos y evolucionamos, el chico P tenía “inquietudes” respecto al tiempo que pasaba con la chica A, ya que ella aun no intimaba con él.

Entonces, pasó que el tiempo pasó y ellos cumplieron cinco años, entre los problemas de ella, las dudas de él, y las intromisiones de sus amigos y amigas, ellos se convirtieron en una pareja tácita, es decir, podían termina la relación pero como compartían los mismo grupos era como si estuvieran, igualmente si la separación duraba mucho tiempo como que si se pelearan.

Casi  al acabar sus estudios  A y P decidieron tomar sus caminos respectivos, y aunque P en los últimos años había dejado de tratar con mucho afecto a la chica A, la chica A seguía con la idea perenne de que en cualquier momento  el chico P le diría para regresar como lo había hecho antes del viaje con los amigos, como antes como cuando cumplieron su primer año y el “inocentemente” había salido con su amiga.  Pero las cosas dieron un giro muy extraño.

Era el mes de julio de ese año oscuro, cuando ella descubrió que él salía con alguien, y para la desgracia de la chica A, era su mejor amiga la que salía con su chico P, o mejor dicho su ex chico P, porque hacía más de medio año que él no le hablaba y menos se veía con ella. En ese momento ella comenzó a despertar en ella misma una nueva persona mitad ella y mitad otra, que de alguna manera se dedicaba a despreciar todo lo que ella había querido. Pero conforme ella mutaba en una persona diferente,  la chica A pasaba de un estado feliz y tranquilo a uno lleno de extrañeza donde sus ojos redondos y bonitos (que era lo único bonito y atractivo que tenía) se tornaban llenos de ira y a la vez de depresión…. Era evidente que el chico P había intimado con su amiga K, como ya lo habría hecho con F y con otra chica llamada E…. pero nunca tocó a su chica A.

Su amiga L tuvo que asimilar lo que la chica A le decía, porque verdaderamente parecía inverosímil lo que le decía la chica A; que el chico P había dejado en gravidez a su amiga K…. y desde entonces cualquier cosa que le dijeran sus otras amigas y sus amigos no era cierto para la chica A, y si la metamorfosis era extraña, la sensación interna de la chica A era aún mucho peor.

Pocos los saben, pero saben que ella comenzó a andar sola por los lugares que conoció con el chico P, y estando en aquellos lugares ella gritaba que amaba al chico P, y a veces en su soledad lloraba como una niña y comenzaba a crearse “ideas”, ideas como que el chico P aún la visitaba a su casa, que la llamaba para hablarle de amor, y que la chica K obligaba al chico P a estar con ella, y que por eso el chico P se negaba a ver a la chica A. Pero eso no era nada, comparado a las persecuciones que le hacía a la chica A, persecuciones en las cuales se ponía a gritar y a hacer pataletas reclamándole por qué prefirió a la chica K y no a ella, o cosas por el estilo.

Sus amigas, aquellas que eran maltratadas por la chica A, querían apoyarla, incluso le nombraron la posibilidad de ir con un especialista, pero ella la emprendía contra L Y M y continuaba con sus manías; y sus manías la atormentaban; pero ella quería seguir sufriendo y morirse con su tristeza, mientras decía amar a P y a la vez querer matarlo y destruir a la chica K…. Aún recuerdan sus ex amigos la vez en la cual apareció despeinada en aquella reunión grupal llorando y llena de alcohol.

Con el paso del tiempo, la chica A borraba mentalmente todos sus traumas con el chico P, pero cada relación que iniciaba terminaba en el recuerdo del chico P. Aun cuando intimaba con cada uno de los 3 tipos con los que estuvo, el chico P le era inalcanzable, nunca llegaría a ese nivel mientras su mente le llevara la imagen de P.

Aún hasta ahora, deambula por los bares tomando vasos de cerveza y recordando lo bonito que le sucedió con el chico P y de cómo terminaron; y por supuesto sigue maldiciendo a sus “amigas” y desconfiando a ultranza de todo aquel o aquella que le diga que vaya a visitar a un especialista; después de todo, una enferma mental es una enferma al fin y al cabo; y nuestra loca necia, lo es, aunque termine desgastándose negándolo.

Moraleja: No te enamores de lo que te crea tu mente y menos te enloquezcas por amor.