Ya son 5 años desde aquella noche del 2006 cuando llegué de la Farmacia para la casa, cuando encontré a mi hermana llorando y yo preocupada creyendo que algo horrible le había pasado, recibí aquella noticia tan inverosímil como amarga, aquella noticia que cuando la escuchas preferirías no escucharla nunca, pero que terminas asimilando cuando miras otra vez tu alrededor.
El contexto de esos días era de una emoción lejana con una mezcla de anhelo, ya que por aquella época solo me faltaba 1 año para terminar la carrera (o sea las clases netamente), por fin descansaba luego de una temporada agotadora de clases (con paro de docentes incluido) y por esos días U2 hacía su presentación en Sudamérica, después de 8 años de ausencia, y de haberse saltado el Elevation Tour, al fin pisaban Sudamérica.
Con todo ese contexto el desgraciado día fue el 15 de febrero, 3 días antes había asistido a una reunión de fans (por lo de U2) y mientras trataba de soñar con un milagro financiero (cosa imposible en ese entonces, que por estos días también sucede) por parte de alguien (nótese que hasta ese entonces mis ahorros no pasaban de los 100 verdes americanos que mi buen amigo Yorki me había brindado para la entrada) que me hiciera posible viajar a Argentina; esa noche de miércoles sabía que algo estaba mal en todo eso, y cuando Carol, mi hermana, me terminó de decir los detalles de la información, fue un accidente de carretera, terminé por gritar diciendo que no era cierto, que era imposible, ya que dos días antes ella estaba comiendo con nosotras, y se iba para Pisco a vender su terreno, ojala hubiera podido impedirlo, pero desgraciadamente aun no se inventa la máquina del tiempo.
Esa noche dormí en la sala de mi casa con mi hermana, las dos aferradas en la oscuridad, tratando de comunicarnos con mi madre, la cual fácil estaba en shock porque fue ella quien reconoció los restos de quien en vida fue mi tía Luz Haydee. La mañana siguiente llegaba el carro de la funeraria trayendo a mis padres, con lo cual se terminaba de confirmar todo y solo nos quedaba preparar el velorio y el sepelio.
Todo suena como un relato frío, pero hasta ese entonces, nunca había sufrido una pérdida familiar importante tomando en cuenta lo siguiente:
La que estaba en ese cajón no solo era una tía, ella era como una amiga para mí, las cosas que hicimos, los lugares a donde fuimos y demás experiencias no las había pasado ni con mis amigas o compañeras de clase. La primera persona que verdaderamente me ofreció su apoyo moral fue ella, aun cuando papá o mamá no me creían, ella si lo hacía; yo era su sobrina preferida, como alguna vez me lo había dicho en uno de nuestros paseos; y para mí no era mi tía, ella era como esa hermana mayor que respetas o esa mamá que aun teniendo una mamá, es más mamá que tu mamá (y esto lo digo sin ninguna culpa alguna).
Los que me conocen saben que ella era muy especial para mí, y una de las cosas que lamento fue que en esos días, había cosas que quería decirle pero que ya no era esa búsqueda de consejo que a veces le hacía, sino eran mis propuestas de vida, las cosas que planeaba muy dentro de mí. Pero no pude decírselas, y menos proponerle que me prestase ese dinero que me hacía falta para cumplir ese anhelo… si en esos días estaba algo triste, con su partida supe que habría cosas más tristes, pero que ninguna otra cosa superaría ese dolor.
Y hoy a 5 años de ese día desgraciado, aun duele aquí adentro, quizás no con la misma intensidad de ese 2006, pero sigue doliendo cuando sufro porque sé que no hay alguien que me de ese afecto incondicional, y cuando en mi dolor recuerdo este día, yo deseo con toda mi alma que regrese a conversar conmigo y/o se me aparezca su espíritu para consolarme de mis dudas y mis tristezas.
Hoy le fui a llevar flores, encontrar la lápida no fue fácil, me demoré como una media hora en dar con ella, luego de una arregladita al florero, le puse sus flores.
Desde aquella vez, esta canción no la puedo escuchar como antes, ya que es inevitable que me ponga triste:


